Nos encontramos en el hostel todos y nos tomamos el subte con destino Aeropuerto de Barajas. Otra vez a caminarlo... el avión salió en punto y llegamos a Londres a las 16:15, cansados, bah, agotados, pero con el ánimo suficiente como para que algunos armen un truco de 6 en el tren del aeropuerto de Gatwick al centro de Londres. Hasta ahora, aunque no recorrimos tantas ciudades, es una constante la calidad del transporte y lo bien que están conectados los aeropuertos con los lugares importantes.
Sorprendentemente, en Londres no había una nube en el cielo, y esto se iba a repetir durante los 4 días de estadía.
Apenas uno llega a Londres ya se da cuenta que va a terminar asombrado. Como si fuera un monumento o un hito particular, individual, Londres genera esto al comenzar a recorrer sus calles. Inmediatamente aparecen las veredas típicas londinenses, que uno vio en películas o series. Edificios rodeados de rejas negras, escaleras, unas que suben hacia las puertas de entrada, y otras que bajan a los subsuelos, cuyos corredores que permiten el acceso ocupan un espacio de la vereda, 3 metros más abajo.
El tránsito es infernal y es un mito que los peatones tengan prioridad aquí. A la dificultad de mirar a la derecha primero al cruzar la calle, se le agrega la alta velocidad que llevan los autos. Los semáforos para peatos, comúnmente, no duran más de 4 o 5 segundos en verde y apenas cambia, a correr porque no a hay tregua. Los taxis, los típicos LTI, están por todas partes y van más rápido que todos los demás autos.
El hostel estaba metido en uno de los callejones también típicos. Gigantezco. 5 pisos y cada uno tenía 40 habitaciones. Si ponemos una media de cuatro personas por cuarto, estamos hablando de unas 800 personas dando vueltas por ahí. Imaginen el resto.
Salimos a caminar, a dar una vuelta. Nos dividimos sin querer, como siempre, y nuestro grupo terminó chocando con el Támesis y luego de bordear un codo que hace el río nos chocamos con la magestuosidad del Big Ben y el Parlamento Inglés. Tuvimos la suerte de llegar al atardecer y ver el paisaje, tanto del Parlamento y la Torre Isabel II como del London Eye que está en frente, con el aspecto nocturno, con todas las luces encendidas, pero aún con el cielo en los tonos rosáceos típicos de la puesta del sol.
Como no dábamos más de caminar, decidimos hacer unas 15 cuadras hasta Picadilly Circus y ahí tomarnos el subte (tube). Imposible describir el enriedo de líneas de subte en Londres. Uno tiene que estar muy atento para llegar al andén correcto y, luego, para tomarse el subte que se tiene que tomar.
El martes nos levantamos y salimos a caminar. Es demasiado grande, Londres. Y el precio del subte es más grande que la ciudad misma. Así que no nos quedó otra que caminar... y caminar... Los tipos, dentro de la grandeza de la ciudad, tuvieron la excelentísima idea de llenarla de verde. Hay parques por todas partes y uno de ellos es el Hyde Park, que tiene como 240 hectáreas. Una locura. Nos encontramos en una de las puntas del Hyde Park para hacer el tour "a la gorra" por la parte de la realeza de Londres. Estuvo interesante pero no tanto como el de Madrid.
Pasamos por el cambio de guardia del Palacio de Buckingham, que es todo una pantomima creada para el turismo. Simplemente es un grupo de soldados que vienen y reemplazan al otro, pero, en todo eso, toca la banda militar, caminan para acá, para allá y tardan 40 minutos... Lo mejor de todo es que es tan comercial la cosa que la banda militar toca canciones populares y abrieron con Burn de Deep Purple. La gente llega una hora antes de que empiece (arranca a las 11.30) para encontrar un buen lugar. Una cosa de locos. Nosotros tuvimos la buena y mala suerte de que justo sea el día que se festejaba el sexagésimo aniversario de la coronación de la reina. Buena suerte porque algunos pudieron verla, mala suerte porque hubo lugares que no pudimos visitar, como la Abadía de Westminster. Pasamos por la Trafalgar Square y de vuelta por el Big Ben
Terminamos el día en el British Museum. Una colección arqueológica de todo el mundo que los tipos se encargaron de robar y mostrar al mundo cómo lo tienen ahí guardado. La Piedra Rosetta, momias de todos los colores, partes del Partenón... una cosa de locos... Terminamos tomando unos mates en la puerta, donde hay un pastito para echarse. Todo bastante bohemio. Ideal.
A la noche, unas cervezas en el bar del hostel y a la cama. Al otro día nos levantamos y parte del grupo se fue para Abbey Road. Descubrimos que se puede sacar un Group Day Ticket, es decir, un boleto para el metro que, si estás en un grupo de 10 o más personas, sale lo mismo que un viaje normal y lo podés usar todo el día y cuantas veces quieras. Así que, fuimos a la mítica esquina Beatle, nos sacamos las fotos que correspondían -no sin peligro de ser atropellados- y cumplí mi sueño de estar ahí... Después nos fuimos al estadio Wembley (imponente... pero carísimo hacer un tour que no prometía mucho). A la vuelta pasamos por el Camden Market, un negocio ubicado en el barrio de Camden donde hay ropa de todo estilo. Dentro de todo barato, pero no se puede pagar con tarjeta. El resto del barrio se acopló a este mercado y se transformó una zona de comercios de ropa.
A la noche nos fuimos de parranda, a conocer los clásicos pubs de Londres. En el primero había una banda tocando covers de rock y de música irlandesa, con un violín. Excelente. El segundo, otra banda tocando covers de rock, viejo y nuevo. Muy, muy, muy bueno. Obviamente, todo decorado con litros de cerveza.
Algo que me llamó la atención es que en Londres también los días son eternos. Desde las 6 hasta las 22 es de día. De vuelta, esto hace que sea difícil saber cuándo salir. Peor aquí, que la joda empieza muchísimo más temprano que en Argentina y que en Madrid. A las 23 ya están cerrando varios pubs y hay que ir a lugar más "turísticos".
Hoy, jueves, último día, dejamos las mochilas en el hostel y nos fuimos a pasear por Londres. Paramos en Primark, un negocio de ropa estilo Falabella, pero con precios regalados. Explotó el consumismo. Después nos fuimos al Hyde Park a almorzar. Terminamos la tarde en el Tower Bridge, tomando unos mates en una zona verde -de las tantísimas que hay acá- cruzando el Támesis.
A las 18:10 (ni un minuto más ni uno menos) nos tomamos el TGV a París.
Vamos a ver qué pasa aquí, en el país galo...

Q genialidad!!! No paran eh!!! Abrazo de gol!!!
ResponderEliminarMamitaaaaa!!... como me gusta el Blog!!!...
ResponderEliminarNo paran eehh!... Ari tendria que haber nacido en Londres... =P
Abrazo para los dos!.. sigan disfrutando a pleno!!
Qué fiessssssta!!! Seguí actualizando que los seguimos desde acá, Lean!!
ResponderEliminarBeso enorme, los quiero :D
Nao
Qué indo, lean!!! me encanta leer y hacer de cuenta que estoy ahí!!! jajaja.
ResponderEliminarSigan disfrutando!!! Besos!!! Chichi
Geniallll!!!!!!
ResponderEliminarSi en Londres miras a la izquierda antes de cruzar la calle, te van a pisar amigo
ResponderEliminarQue alegría pendex verte tan feliz!!!!Seguí disfrutando que nosotros te seguimos desde acá con lo que nos contás.
ResponderEliminarBesos!!!. Pao
Muy bueno Lean!!! Sigan disfrutando!!!
ResponderEliminarMeli Avalle
Acabo de leer el blog y está buenísimo como siempre. Sigan disfrutando allí, que aquí está todo cada día mejor!!! Lean, qué buenas estàn las zapatillas nuevas. Qué hiciste con las viejas? Cuidalas, ja ja. Les mando un saludo a todos. (Ahhh, te cuento: River 2 - Independ. 1 y Racing 2 - Boca 0.) Chau
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