martes, 11 de junio de 2013

París....

Señoras y serñores: París vibra. La capital de Francia no paró de sorprendernos y asombrarnos desde el primer momento en que la pisamos.
Desde Londres, nos tomamos un tren de alta velocidad, pasando por debajo del Canal de Mancha. Del viaje en tren no hay mucho para contar porque, la verdad, es que lo aprovechamos para recuperar horas de sueño que habíamos perdido en Londres.









Llegamos a París alrededor de las 18 horas. Dejamos todo en el hostel y nos fuimos a ver la torre Eiffel de noche. Casualmente, los jueves, día en que llegamos nosotros, en la torre hay un show de luces. La gente se junta en los parques que están al lado de la torre a tomar algo -vino, por lo general- y a ver el show. Nosotros no teníamos mucho tiempo, porque nuestro hostel estaba bastante lejos y teníamos que tomarnos el subte antes de que termine el servicio. Siendo tantos, obviamente, no llegamos subte, así que nos tomamos 3 taxis que nos dejaron en la puerta del hostel. 
Lo primero que sentí en París fue que todas las clases de inglés que tomé, y que de tanto me sirivieron en otros países, son absolutamente inservibles. Muy poca gente habla, o al menos eso hacen sentir. La mezcla de idiomas que se generan cuando uno intenta consultar un precio o preguntar por una calle es hilarante.















Al día siguiente nos dividimos en grupos: algunos fueron a caminar la ciudad y otros fuimos a ver el museo del Louvre, el Arco de Triunfo y la Torre Eiffel (de día, esta vez). El Louvre es muy interesante pero pareciera no estar bien organizado. Todos los del grupo tuvimos serios problemas para volver a encontrarnos donde habíamos quedado. Las salas no están numeradas y los mapas del museo te guían a partir de esos números de sala. Igual nos la rebuscamos para ver las cosas más importantes. A destacar: la Venus de Milo el Código de Hamurabi, la parte medieval del muso y la coronación de Napoleón. La Mona Lisa deja un poco que desear, demasiada gente y está detrás de un vidrio, muy lejos.
Retomamos el Jardín de las Tullerías, que habíamos pasado para llegar al Louvre, y recorrimos el Champs Elysees. Llegamos directo al Arco de Triunfo y de ahí a la Torre Eiffel, pasando por el Trocadero.
La subida a la torre fue impresionante. Uno no termina de entender cómo semejante estructura está metida en el medio de una ciudad tan importante. La cima me hizo recordar al Empire State de Nueva York, pero hay una gran diferencia: la torre no es cerrada, y uno es testigo, ya desde el ascensor, de cada metro que sube. Hay una parada en el medio y desupés se sigue subiendo hasta la cima. 297 metros, si no me acuerdo mal. Obviamente, lo que uno ve es difícil de describir y, es más, es difícil de mostrar en las fotos que saca.
Estuvimos ahí un rato y después nos fuimos a la iglesia de Notre Dam. Llegamos cuando ya había cerrado, así que solo nos quedamos viendo la entrada y unos shows de artistas callejeros que estaban en la puerta.
Después nos fuimos para el Barrio Latino. Para mi, y creo que para todos los que hayan leído Rayuela, fue un momento muy emocionante. Conocer el Boulevard Saint Michell y su intersección con el Sant Germain... casi que podía ver a Rocamadour en brazos de la Maga. Este barrio es muy atrapante: estudiantes de la Sorbona dando vueltas por ahí, bares que abiertos con gente pasando bien el final del día























































Otra vez, el sol se esconde a las 22 horas. De vuelta a no entender bien qué hora es y a qué hora hay que salir.
A la noche salimos con una parte del grupo a conocer la vida nocturna parisina. Salimos muy tarde. Casi que no había bares o boliches abiertos. Pero terminamos en una especie de karaoke, tomando cerveza hasta las cinco de la mañana.
Al día siguiente nos levantamos muy tarde por la parranda de la noche. Pero igual nos las rebuscamos para ir a la iglesia Sacre Coaur y al Palacio de Versalles. Me gustaría hacer una mención especial de Versalles. Es una ciudad hermosa. Espaciosa, parques por todas partes, tiene un centro muy lindo y, encima de todo, está el Palacio de Versalles. Descomunal. Cómo describir eso. Las noches que Dolina hablaba de Mariá Antonieta y sus fiestas y todo lo que pasó ahí. Apasionante.
Como llegamos tarde, nos perdimos el show de las fuentes y de música que hay en el palacio. De todas formas, nos salió un poco más barato porque después de las 18.30 (ni un minuto más, ni un minuto menos) dejan entrar al parque gratis. Entramos, nos tomamos unos mates y como se venía una tormenta fulera, nos volvimos (tren y subte, unos 45 minutos) y nos cenamos unos tallarines con salsa que hizo Chorch. Después, a la cama temprano, porque al otro día teníamos que manejar 300 kilómetros hasta Brujas...
Para terminar, París es la exacta mezcla entre lo que está bien y está mal. Hay reglas pero se rompen, hasta ahí. Esa sensación que uno tiene de vivir el pasado. Uno siente, o desea, estar viviendo lo que pasa en Medianoche en París. Es una de las ciudades que, personalmente, más me sorprendieron y que más disfruté de haber visitado.










































4 comentarios:

  1. Buenas fotos brother!!! me alegro que la estén pasando bomba!

    Después me tenés que tirar data de Europa, vamos a ir con Titu en Diciembre por un mes!

    Che, el karaoke, era igual al de Bolivia me imagino no?

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  2. París... bella París...!!! Cuánto deleite para los ojos!!!
    Un abrazo enorme, contá de Amsterdam...!
    Que disfruten Brujas, otro lugar soñado :)
    Nao

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  3. Que genios!!!... Ari fue a Paris y no salio del hostel??... jajajaja... sacale una foto cabezon que parece que no salio... jajaja..

    Abrazo enorme a los dos!!... sigan disfrutandolo a pleno!!...


    Ari no te olvides de mi "regalo copado"... =P

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  4. Lean, qué bueno todo lo que contás de París. Sigan disfrutando!!! Aquí todo está bien, no problem, je je. Te seguimos en blog, así que seguí escribiendo.
    Saludos a todos.

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