martes, 2 de abril de 2013

Ruinas de Tiwanaku, Mercado de Brujas, Noche "gringa" y regreso


Nos levantamos el lunes con granizo y un poco tarde, por lo que se nos complicaron los planes que teníamos para el último día. De todas formas, nos las arreglamos para llevarlos a cabo. Después de negociar con agencias de turismo de dudosa predisposición a la ganancia de dinero, nos fuimos por nuestra cuenta hasta el cementerio, donde nos dijeron que podíamos tomar "una movilidad" hasta las ruinas de Tiwanaku.
Las ruinas de Tiwanaku es un sitio arqueológico donde se encuentran los restos de una civilización pre incaica, pre aymara y pre colombina. "Inventores" de la cruz andina, estudiosos del sol y las estrellas, después de cerca de dos mil años de supervivencia sedentaria, entraron en decadencia por una creciente del lago Titicaca que los hizo exparcirse y perder poder, pasando luego a ser los señoríos aymaras la civiliación más importante, que luego fue conquistada por los incas y después por los españoles, que usaron parte de las ruinas para construir la iglesia.
En los solsticios y los equinoccios, el sol entra por el centro o por los vértices, respectivamente, de la puerta de entrada de una de las construcciones. Parece que los tipos tenían conexión con otras civilizaciones transoceánicas, puesto que hay esculturas de gente con rasgos asiáticos muy bien conservadas.
Como en todo el viaje, la constante falta de aire se hacía presente en la caminata. Subir a la cima de la pirámide, con forma de mitad de cruz andina, nos hizo alcanzar los 4000 metros sobre el nivel del mar con la lengua afuera, boqueando como pescados.




























Volvimos y le pedimos a René Choque -el colmo del chofer- que nos deje por el Mercado de Brujas. Es una zona en el centro de La Paz donde se concentran los negocios o puestos ambulantes que venden artesanías típicas paceñas y bolivianas. El consumismo se hizo presente y salimos a la caza de buenos precios por medio de regates.
Se nos hizo de noche y decidimos cenar por la zona. La asignatura culinaria de Bolivia es digna de destacar. Uno se puede encontrar con situaciones hilarantes, como por ejemplo, que los spaghetti puedan ir con salsa bolognesa, pero los ravioles no. Uno intenta explicar que es lo mismo, solo que en vez de tirarle la salsa filetto a los ravioles, le tiren la salsa bolognesa que le tiran a los spaghetti, pero no, no hay caso. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Lo mismo sucede con las guarniciones. Los platos vienen con ensaladita, papas fritas y arroz. Todo junto. Pedir que, por ejemplo, una trucha a la plancha venga solo con papas fritas o sin arroz, no es tarea sencilla. Es muy posible que el que pidió cordero reciba solo papas fritas y el otro, de la trucha a la plancha, tenga que comer una ensalada de pepino y tomate.
Bueno, continuando, cenamos en tandas: los que pedimos hamburguesas primero, los spaghettis después. Volvimos caminando al hostel y nos fuimos directamente al bar. Ya eran las 10 de la noche y a las 4 teníamos que tomar el taxi para ir al aeropuerto.








El hostel, Wild Rover Hostel, es muy cómodo y la gente atiende muy bien, pero tiene un pequeño detalle: es una mini Irlanda en Bolivia. Uno deja de hablar en castellano y empieza a hablar en inglés constantemente. Las frases "me pasás un cenicero?" o "dame dos Paceñas" son vanas sin su correspondiente traducción.
Habría unos 70 gringos de todas partes del mundo: Nueva Zelanda, Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Alemania, Israel... Tienen una forma muy particular de divertirse y no es exactamente la nuestra, o al menos, la que esperábamos encontrar en Bolivia. Sin embargo, cuando se terminó la música electrónica y alguien puso un poco de pachanga, les descontrolamos el lugar y nos pasamos un poco de rosca. Nos terminaron echando a todos a las 2 de la mañana, con el bar ya cerrado, y nosotros, con un buen grado de alcohol en la sangre, nos dimos cuenta que íbamos a dormir solo dos horas y que la borrachera no se nos iba a pasar antes de subir al avión... Calavera no chilla, como siempre me dijo mi viejo...
Por suerte todos los vuelos de BoA estuvieron en horario y el regreso fue duro por el cansancio y el sueño, pero en los horarios programados.






Palabras finales para este increíble viaje de 6 días que nos hizo pasar momentos realmente inolvidables. Nos encontramos con problemas de todos los colores, uno detrás de otro, complicándonos cada vez más nuestra estadía. Sin embargo, a base de improvisación, democracia y, más que nada, esfuerzo y buena onda, pudimos sortearlos uno por uno, pudiendo sacar de cada tropezón un lado positivo que seguramente cambie la idea que tenemos de nosotros mismos, o de los límites a los cuales llegamos.
La foto que sigue es el resumen de lo anterior: Tito Yupanqui, un pueblo que cuestra encontrar en Google Maps; 8 de la mañana, después de dormir dos horas, cenar un sánguche de huevo y desayunar un turrón de maní y un chocolate con mate; lluvia y mucho frío; un camino por la montaña, a 4000 metros de altura, de entre 3 y 6 horas por delante, sin saber adónde ni por dónde íbamos; y ahí estábamos, Dami, Ricky, Seba, Ale, Rulo, Nacho y yo, tapados hasta las cejas, con la buena onda dispuesta para sacarnos una foto, con una sonrisa y con un chiste a mano.
Gracias por todo, muchachos... Y hasta la próxima!


lunes, 1 de abril de 2013

Copacabana y vuelta a ser peregrinos


Llegamos a Copacabana y nos dimos cuenta que la cosa estaba muy difícil. El bloqueo era terrestre y también marítimo
A la noche estaban la mayoría de los negocios cerrados. Dimos una vuelta por el pueblito. Pasamos la iglesia y, en la puerta de la alcaldía, encontramos una muchedumbre como protestando en la puerta. Al otro día nos enteramos que la gente que se juntó ahí eran los campesinos que están con el bloqueo. Encontraron a tres de los dirigentes que los mandan a bloquear escabiando en un bar de un hotel. Los sacaron a las trompadas y se fueron a la puerta de la alcaldía.
Dimos una vuelta por la zona "comercial". Probamos algunas comidas tradicionales, como el aticucho y la salchipapa, y después paramos a comer una pizza en un restaurante.














La gente está indignada con el bloqueo. Los turistas no llegaron y los campesinos les obligan a cerrar o a levantar los puestos. Les piden que no atiendan turistas.
Después de la cena, nos fuimos a dormir, pero previamente hicimos una mateada en la habitación 203, la de Dami y mía.

Al otro día, sábado, nos levantamos y vimos una fila enorme de gente que nacía desde la marina. Nos acercamos y nos enteramos que la Armada (cosa rara en Bolivia) había puesto barcos para llevarse a los peregrinos. Los barcos salían el sábado y había una lista para anotarse para el domingo. Nos anotamos con esperanzas de poder salir el domingo a la mañana.

Al atardecer fuimos al cerro Calvario. Es un cerro que tiene un vía crucis en su recorrido, cuya altura sobre el nivel del mar alcanza los 4000 metros. Muy empinado, y a pesar de todo lo que habíamos caminado, no fue sencillo el ascenso. Los 200 metros con respecto de Copacabana se notaban mucho. 
De todas formas, el esfuerzo valió la pena y pudimos ver un atardecer sin parangón. Desde lo alto, ver la inmensidad del lago y cómo el sol se iba metiendo, esquivando las nubes, detrás de las montañas.
Al bajar, ya de noche, notamos que los negocios estaban abiertos en su totalidad. Parece que el hecho de haber encontrado a los dirigentes borrachos los hizo aflojar un poco en la protesta, pero el bloqueo seguía firme...
Cenamos trucha (lasaña de trucha, increíble) y nos fuimos a dormir temprano, con la esperanza de volvernos en barco hasta Tiquina y de ahí un bus, y con la tristeza de no haber podido visitar la Isla del Sol.













































Ya domingo, nos levantamos a las 7 y, ya desde la ventana, notamos que no había ningún barco esperando a los que nos habíamos anotado. Pasaron las horas y las versiones empezaron a variar y todo se tornó muy confuso. Decidimos ir a lo seguro: caminar 9 km hasta Kasani, cruzar la frontera con Perú (sin pasaporte), tomar un bondi a Desaguadero, volver a entrar a Boliviar, y tomar otro bondi hasta La Paz. Es decir: 2 horas de caminata por la montaña (oooootra vez), 1 hora hasta Desaguadero y otras 2 horas hasta La Paz. 
Por suerte, justo antes de salir, conocimos a Yésica y Sabrina, dos chicas argentinas que ya habían hecho ese viaje en el sentido contrario y estaban por volver. Así que nosotros las usamos como guías y ellas como seguridad. Parecía justo.
Los viajes en combi fueron divertidos. El primero tuvo como condimento unas cervezas Cusqueña que todos queríamos probar; y el segundo estuvo signado por los largos pestañeos y cabezasos del conductor, a quien le tuvimos que pedir que pare para refrescarse y despejarse. Fue tanto el miedo que ya en un momento nos divertimos mucho distrayéndolo y haciéndolo estar despierto.
Llegamos sanos y salvos. Ver el valle donde está construída La Paz desde las alturas genera un sentimiento encontrado: tan bella desde el cielo, tan fea estando dentro.
A la noche estábamos todos muertos. Picamos algo y tomamos unas cervezas en el hostel y después fuimos a comer pollo a la broaster (frito)