Llegamos a Copacabana y nos dimos cuenta que la cosa estaba muy difícil. El bloqueo era terrestre y también marítimo
A la noche estaban la mayoría de los negocios cerrados. Dimos una vuelta por el pueblito. Pasamos la iglesia y, en la puerta de la alcaldía, encontramos una muchedumbre como protestando en la puerta. Al otro día nos enteramos que la gente que se juntó ahí eran los campesinos que están con el bloqueo. Encontraron a tres de los dirigentes que los mandan a bloquear escabiando en un bar de un hotel. Los sacaron a las trompadas y se fueron a la puerta de la alcaldía.
Dimos una vuelta por la zona "comercial". Probamos algunas comidas tradicionales, como el aticucho y la salchipapa, y después paramos a comer una pizza en un restaurante.
La gente está indignada con el bloqueo. Los turistas no llegaron y los campesinos les obligan a cerrar o a levantar los puestos. Les piden que no atiendan turistas.
Después de la cena, nos fuimos a dormir, pero previamente hicimos una mateada en la habitación 203, la de Dami y mía.
Al otro día, sábado, nos levantamos y vimos una fila enorme de gente que nacía desde la marina. Nos acercamos y nos enteramos que la Armada (cosa rara en Bolivia) había puesto barcos para llevarse a los peregrinos. Los barcos salían el sábado y había una lista para anotarse para el domingo. Nos anotamos con esperanzas de poder salir el domingo a la mañana.
Al atardecer fuimos al cerro Calvario. Es un cerro que tiene un vía crucis en su recorrido, cuya altura sobre el nivel del mar alcanza los 4000 metros. Muy empinado, y a pesar de todo lo que habíamos caminado, no fue sencillo el ascenso. Los 200 metros con respecto de Copacabana se notaban mucho.
De todas formas, el esfuerzo valió la pena y pudimos ver un atardecer sin parangón. Desde lo alto, ver la inmensidad del lago y cómo el sol se iba metiendo, esquivando las nubes, detrás de las montañas.
Al bajar, ya de noche, notamos que los negocios estaban abiertos en su totalidad. Parece que el hecho de haber encontrado a los dirigentes borrachos los hizo aflojar un poco en la protesta, pero el bloqueo seguía firme...
Cenamos trucha (lasaña de trucha, increíble) y nos fuimos a dormir temprano, con la esperanza de volvernos en barco hasta Tiquina y de ahí un bus, y con la tristeza de no haber podido visitar la Isla del Sol.
Ya domingo, nos levantamos a las 7 y, ya desde la ventana, notamos que no había ningún barco esperando a los que nos habíamos anotado. Pasaron las horas y las versiones empezaron a variar y todo se tornó muy confuso. Decidimos ir a lo seguro: caminar 9 km hasta Kasani, cruzar la frontera con Perú (sin pasaporte), tomar un bondi a Desaguadero, volver a entrar a Boliviar, y tomar otro bondi hasta La Paz. Es decir: 2 horas de caminata por la montaña (oooootra vez), 1 hora hasta Desaguadero y otras 2 horas hasta La Paz.
Por suerte, justo antes de salir, conocimos a Yésica y Sabrina, dos chicas argentinas que ya habían hecho ese viaje en el sentido contrario y estaban por volver. Así que nosotros las usamos como guías y ellas como seguridad. Parecía justo.
Los viajes en combi fueron divertidos. El primero tuvo como condimento unas cervezas Cusqueña que todos queríamos probar; y el segundo estuvo signado por los largos pestañeos y cabezasos del conductor, a quien le tuvimos que pedir que pare para refrescarse y despejarse. Fue tanto el miedo que ya en un momento nos divertimos mucho distrayéndolo y haciéndolo estar despierto.
Llegamos sanos y salvos. Ver el valle donde está construída La Paz desde las alturas genera un sentimiento encontrado: tan bella desde el cielo, tan fea estando dentro.
A la noche estábamos todos muertos. Picamos algo y tomamos unas cervezas en el hostel y después fuimos a comer pollo a la broaster (frito)
Muchachos, se hubieran ido a Mar del Plata, que está más cerca y lo pasarían mejor, ja ja ja. Pero no importa. Bien vale la aventura que han vivido y son cosas que no se olvidan jamás.
ResponderEliminarLos espero mañana, martes, en Ezeiza.
Un saludo para todos.
Aldito