Todas las semanas santas, la gente devota de la Virgen de Copacabana, parte en una peregrinación fenomenal: en 3 días recorren, a pie, los 200 km que separan a La Paz de Copacabana. Es una demostración de fe que requiere un esfuerzo sobre humano para poder atravesar caminando la zona. Obviamente, el trayecto está absolutamente despojado de llanura y las subidas y bajadas por las montañas son una constante.
Dicho esto, les cuento que el jueves nos costó mucho levantarnos, después de la noche de karaoke. Así que perdimos el bus turístico que va a Copacabana de las 8 de la mañana.
Decidimos llamar a Luis, el taxista que nos trajo desde el aeropuerto al hostel la noche anterior, quien nos había ofrecido llevarnos por 100 bolivianos (contra los 50 que sale el bus). En fin, son unos 85 pesos para hacer 200 km. No nos pareció demasiado.
Alrededor de las 11 de la mañana llegó Lucho, quien, ya mostrando un poco la hilacha, nos dijo que había estacionado el auto a dos cuadras pero nos hizo caminar 5... Esa caminata nos permitió ver de día a La Paz. Una ciudad muy desordenada en cuanto a su arquitectura y absolutamente despelotada en cuanto a su gente. Bocinas y gritos se mezclan con las construcciones que habrán sido modernas hace unos 110 años y que se esconden y aparecen en curvas y contra curvas que serpentean el centro de la ciudad.
Salir de La Paz, para el lado de El Alto, nos tomó unas 2 horas o más. Caos de tránsito total, todo embebido en un ambiente estilo Liniers.
Por fin tomamos la ruta y ya comenzamos a ver a los peregrinos al costado, quienes ya llevaban un día de viaje.
Los paisajes eran deslumbrantes, con el sol pegando sobre las faldas de las montañas y con las nubes jugando entre ellas.
Hicimos otras dos horas de viaje y ya comenzamos a ver menor cuerpo menor del Lago Titicaca. Luis nos llevó a comer a un restaurante sobre el lago y, como no podía ser de otra forma, nos mandamos unas buenas truchas con fritas y arroz por 30 bolivianos.
Seguimos camino, ya un tanto atrasados, ahora con lluvia intermitente y un poco cansados, pero con la panza llena.
La próxima parada era el estrecho de Tiquina, que al mismo tiempo separa al lago de la isla donde está Copacabana y une el lago Mayor con el Menor.
El lago hay que cruzarlo en lancha, con auto y todo, pero cuando llegamos al lugar donde se toma la lancha Luis nos contó que había un "pequeño" inconveniente del otro lado, por un bloqueo. Tenía que averiguar qué pasaba.
Esperamos un rato, tomando unos mates y tocando un poco la guitarra, hasta que Luis volvió y nos dijo que si, efectivamente, había un bloqueo hecho por los campesinos. Que podíamos avanzar unos 15 km pero ahí nos tenía que dejar, pero que no nos preocupemos, porque inmediatamente después del bloqueo llegaban taxis y buses de Copacabana que llevaban a la gente para allá...
No sin cierta desconfianza, aceptamos el trato y llegamos, por un camino de montaña, a unos 200 metros del bloqueo. Nos bajamos, nos despedimos de Luis, y empezamos a caminar por entre las piedras que los protestantes habían tirado en la ruta a modo de barricadas.
Cruzamos el centro del bloqueo y vimos a los campesinos, con sus cholas, sentados, esperando que alguien tome alguna decisión que, por lo que estuvimos averiguando, ni siquiera ellos tenían muy en claro cuál era.
Fue en este punto donde comenzó nuestra mutación de turistas comunes y corrientes a peregrinos de la Virgen de Copacabana.
Nos enteramos que lo de los buses después del bloqueo era una quimera y que el"temita" era mucho más pesado de lo que nosotros pensábamos.
Hablando con los peregrinos nos dimos cuenta que teníamos que tomar decisiones... volver a Tiquina en una caminata de dos horas, para luego volver a La Paz, o caminar hacia adelante, hacia Copacabana, junto con los peregrinos.
La decisión no nos costó: vamos para adelante. Pero ahí entraba otra decisión en juego: ¿vamos por la ruta 2, la que usan los autos para llegar a la ciudad, o vamos por el camino de los peregrinos, que se mete por el medio de la montaña para acortar camino?
La primer opción tomaba unas 6 horas, por un camino de pocas subidas, pero que no contaba con pueblo alguno en el medio.
La segunda opción era más corta, unas 5 horas de caminata y con pueblos y paradas en el medio para reponerse.
Eran las 6 de la tarde, por lo que, como niñas inocentes, nos decidimos por la segunda opción para llegar antes a Copacabana.
Nos metimos por el sendero de los peregrinos y ya al poco tiempo nos dimos cuenta que nuestros planes no iban a salir como queríamos... La montaña era bastante agresiva con nuestras piernas y la altura directamente asesinaba nuestros pulmones.
Empezó a caer la noche y no divisábamos nada importante adelante. Encima, no estábamos preparados para una caminata de tal magnitud. Nuestras mochilas, que nos sumaban unos 15 kilos, hacían todo mucho más complicado y agitado.
Los peregrinos nos pasaban como alambre caído. Teníamos un cuarto de Sprite, media Coca y una botella de agua. Pese a todo esto, el paisaje que nos abrazaba era maravilloso... El sol rebotando en el lago en el atardecer, las montañas metiéndose en el Titicaca... una hermosura.
Resultó que a las 20:30 estábamos llegando a Tito Yupanqui, un pueblo donde nos habían dicho que quizás alguien nos podía llevar o acercar al menos.
Preguntamos y preguntamos pero no hubo caso: el bloqueo era absoluto y nadie iba a arriesgarse a que le apedreen la camioneta.
Estábamos muy cansados, abatidos, con mucho frío y todos transpirados y ahora la complicación era ver qué comer y dónde dormir.
Ninguna de las soluciones a ambos problemas fue demasiado satisfactoria pero si mucho mejores que no comer y dormir en la plaza: sánguche de huevo y tomate y un cuarto/galpón, que contaba con unos muy incómodos colchones hechos de aserrín y bolsa de arpillera y con la compañía de 6 peregrinos bolivianos que, como mínimo hacía 3 días que habían salido de su casa, por lo tanto, con seguridad, hacía 3 días que no se bañaban (mínimo...). Piensen ustedes, imaginen, un cuarto con 13 hombres que venían caminando, unos hacía 2 horas, otros hacía 48, quienes se sacaron las zapatillas y compartieron todos sus olores con los 16 metros cuadrados que nos amparaban del frío.
El nuevo plan: despertarse a las 3.30 con los peregrinos y partir para Copacabana a pie. El tiempo de caminata empezó a variar según el boliviano consultado: 2, 3, 4, 5, 6 o 10 horas... Todo muy lindo, porque íbamos a poder dormir unas 6 horas, recuperar fuerzas y salir.
Eso hubiese sido posible nos hubiésemos dormido antes que los peregrinos, quienes roncaron de una manera INCREÍBLE. Inaudita... Un concierto de ronquidos que no nos dejó pegar un ojo en toda la noche. Para colmo de males se puso a llover!!! Terrible... el ánimo por el piso... Pero a las 3:30, cuando se fueron los peregrinos, aprovechamos para dormir hasta las 7, tomar unos mates y partir para Copacabana. Para agregar algo más de mala suerte, se largó a llover y ni hablemos del frío... Terrible...
El camino se nos hizo imposible. Ya la primer subida nos dejó sin aire, sin piernas, sin ánimo. La sensación es realmente desesperante. Y todavía no había pasado lo peor: había que cruzar una cumbre, bajar hasta Los Pajonales y, ahí, pasar otra montaña para después bajar a Copacabana. Imposible en nuestro estado y con nuestro equipaje. En el paraje (porque Los Pajonales ni siquiera llegaba a ser pueblo) comimos un plato caliente de fideos hechos como en guiso, que nos vino bárbaro. Además, y por suerte, conseguimos una combi que nos llevó hasta la cumbre y de ahí solo tuvimos una hora de bajada hasta la hermosísima Copacabana.
Una ciudad privilegiada por su ubicación, en la costa del lago, cuyo final se extiende más allá de donde alcanza la vista.
Conseguimos un hotel por 100 bolivianos para descansar hoy, cosa que necesitamos porque estamos molidos.
Muchachos, aquí pasó lo mismo este fin de semana, para llegar a la costa. Los que salieron el miércoles llegarán el domingo, almorzarán y pegarán la vuelta para llegar el martes a la noche a Bs.As. ja ja ja. Sigan adelante con la aventura y demuestren el valor de la sangre argentina, carajo!!!
ResponderEliminarLes mando un saludo a todos y espero que puedan volver, je je. (traigan ajo).
Aldito