El miércoles a la noche fuimos a cenar con gente del hostel a Garota de Ipanema. Es un mítico restaurante carioca, ubicado en una esquina de Ipanema, donde Vinicius De Moraes y Antonio Carlos Jobim terminaron de armar la letra de la canción homónima, inspirándose en una mina que pasaba por ahí siempre que iba a la playa... Viejos verdes... La cosa es que esta mujer terminó llenándose de guita cuando los otros dos confesaron la historia.
Justamente, una de las calles donde está el restaurante fue nombrada Vinicius De Moraes (y el bar se ubica en las esquinas De Moraes y De Morais... complicado... algo así como Irigoyen e Yrigoyen, pero con muuucha más onda...)
Bueno, después de 60 años de la famosa y, por cierto, hermosa canción, lo que se puede decir es que en el restaurante se come muy bien. Los platos son abundantes y para compartir, lo cual termina haciendo al restaurante bueno y barato.
Comimos una carne que te la traen a medio cocer y uno la tiene que terminar de hacer en la mesa, con una especie de plancha y un mechero. Me hizo acordar al sukiyaki que nos hizo conocer la China.
Nos levantamos a la mañana temprano con la idea de ir para Buzios. La noche anterior, averiguamos por internet y notamos que alquilar un auto entre los cinco por tres días nos iba a salir más barato que ir y volver en micro. Así que con Víctor nos fuimos para Copacabana, a la avenida Princesa Isabel, donde están ubicadas las agencias de autos en la ciudad.
Alquilamos un Chevrolet Celta, negro, sin aire, sin dirección, 3 puertas... complicado para el día de más calor de nuestra estadía. De todas maneras, el auto es chico pero el corazón es gigante!
Nos pegamos unas perdidas terribles con Víctor para volver a Ipanema a buscar a los chicos, pero al fin llegamos. Y nos volvimos a perder para ir para Buzios, así que terminamos llegando bastante tarde. Fue un viaje de poco más de dos horas.
Cuando llegamos, nos empezamos a meter por las callecitas del pueblito, que se tornan sinuosas, subiendo y bajando por los morros.
Conseguimos un hostel bastante bueno, ubicado en el centro y con salida a la playa.
Ya de noche, el viento se hizo presente en Brasil y, al menos yo, sentí bastante frío y tuve que sacar la camperita que pensé que llevaba en vano.
Comimos unas pizzas gigantes por ahí y, a la noche, después de una mini siesta, me fui con un rosarino del hostel a un bar, a ver unas bandas que tocaban.
El punto negativo de Buzios es la inconmensurable cantidad de gringos y de argentinos que hay de vacaciones. A tal punto que una persona de la ciudad nos contaba que ellos le dicen, en broma, Buzios Aires.
Nos levantamos a la mañana y nos fuimos a Praia Brava, una playita de Buzios. No nos gustó mucho y, por recomendación de unas señoras argentinas que estaban ahí, nos fuimos para Praia das Tatarugas. Esta nos gustó muchísimo más y nos quedamos ahí hasta bien tarde, después del atardecer.
A la noche nos fuimos a dar una vuelta con Dami, el Chino, Ari y Kerstin, una chilena que conocimos ahí.
Todo lo que había para hacer era entrar a bares o boliches donde pasaban música electrónica... Bastante aburrido para nuestro gusto, así que nos sentamos en un muellecito a hablar pavadas, como la mayor parte del viaje.
Ya el sábado emprendimos la vuelta hacia Río, pero se nos ocurrió aprovechar que Arraial do Cabo queda para el sur y pasar por ahí ya que nos lo había recomendado todo el mundo.
Hicimos un paseo en barco que te lleva a conocer varias playas del lugar. Muy bueno, aunque el agua estaba extremadamente fría en algunas de las playas.
Volvimos a Río con Víctor al volante y, después de volvernos a perder, llegamos al hostel Che Lagarto! de Ipanema.
Decidimos ir a comer bien la última noche así que elegimos Garota de Ipanema. Nos acompañaron Anto y Cori, las dos chicas argentinas del hostel.
El último día lo aprovechamos para comprar algunas cosas y regalos. Hay una feria muy grande en la plaza donde está la estación del subte. Lo más curioso es que muchos de los puestos aceptan tarjetas de crédito y débito... Hippies del siglo XXI...
Terminamos bastante cansados y bastante tristes por el regreso.
Río es, como dice la canción, una ciudad maravillosa. Con varias similitudes a Buenos Aires, pero favorecida por el clima y por las playas divinas que tiene.
Seguramente la estaré volviendo a pisar, si todo sale bien, en 2 años y algunos meses.
Maravilloso fue, también, compartir este viaje con Ari, Víctor, Damián y el Chino. Amigos incondicionales, hilarantes, tolerantes y quién sabe cuántos adjetivos más...
Les estoy agradecido por todos estos momentos compartidos que difícilmente se me vayan alguna vez de mi memoria.
¡Hasta el próximo destino!
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