Nos fuimos de vuelta a Manhattan. Esta vez nos tomamos el subte 1 con dirección al Downtown, hacia el sur de la isla.
Resulta que hay un ferry, gratis, que te lleva desde la isla de Manhattan hasta Staten Island y en el camino pasa por el frente de la estatua de la libertad.
Según dicen, es mucho más conveniente tomarse este ferry que el que es pago, ya que este último sale muy caro y no hay mucha diferencia.
Por lo que yo se, me parece que hace poco habilitaron nuevamente la visita a la estatua en si, pero la verdad que no era una prioridad. Quedará para el futuro.
Algo que no sabía, de lo que me desasnó Moni el otro día, es que la estatua pertenece a Nueva Jersey. Parece que el estado de Nueva York sacó una tanda de patentes de autos que tenían un dibujo de la estatua y el otro estado puso el grito en el cielo, reclamando la pertenencia del monumento. Es más, si uno mira en la división política de los estados de Estados Unidos se da cuenta que Nueva York tiene salida al mar de pura casualidad.
Así como bajamos del ferry nos volvimos a subir, así que Staten Island no lo recorrimos en lo más mínimo.
A la vuelta, dimos unas cuantas vueltas por el Downtown. Pasamos por lo que se conoce como el World Trade Center. Ahí estaban las Torres Gemelas. Vimos cómo están construyendo un monumento y un nuevo edificio en ese lugar.
Da la sensación de que se quiere lucrar un poco con todo... Pero bueno, es un homenaje, no está mal.
Dimos unas vueltas por los edificios que pertenecían al complejo de la torres pero que no se derrumbaron. Entre ellos está una especie de sala diseñada por un arquitecto argentino,
César Pelli
Con Sil convencimos a Belencita y nos fuimos a almorzar a McDonald's. El primer McDonald's al que voy donde hay una mujer tocando unos standards bárbaros al piano.
Seguimos viaje hacia el puente de Brooklyn y la verdad que cruzarlo a pie estuvo espectacular. Se tiene toda la vista de la entrada del mar a Manhattan. Justo llegamos cerca del atardecer lo cual embelleció el paisaje.
Pensamos que el frío iba a ser mucho peor, pero la verdad que estaba lindo ahí arriba.
El puente data de 1875, aunque el ingeniero que lo ideó no llegó a verlo terminado.
Llegamos a Brooklyn y notamos que no había demasiado para hacer, teniendo en cuenta el tiempo con el que contábamos.
Un hombre muy amable nos indicó algunos lugares, pero preferimos volver.
Nos separamos un rato. Las chicas fueron a recorrer desde el Lower East Side hasta el Times Square y yo me fui directamente al Times Square para ver unas casas de música que tenía marcadas.
Como se me hizo temprano, aproveché para ir a un bar irlandés que encontré en el camino de vuelta y me tomé unas cervezas mirando un partido de basquet de los Knicks contra Chicago Bulls y otro de hockey sobre hielo.
Nueva York de noche no tiene parangón. Es impresionante. Uno está bastante acostumbrado al ritmo energético de una ciudad como Buenos Aires, pero esto supera todo.
Gente todo el tiempo caminando. Calles repletas. Restaurantes llenos. Contaminación lumínica a unos niveles descomunales. Taxis como hormigas. Uno queda atónito ante tanto agite.
Nos volvimos a encontrar en la Penn Station y nos tomamos el tren de regreso a Brentwood.
Nos levantamos ayer, ya entrando en el primer día de febrero, y nos fuimos al centro de vuelta.
Fuimos al Madison Square Garden, donde compré mi entrada de los Knicks para esta noche :D
Un gran partido ante los Dallas Mavericks, aunque no juega ningún argentino, lamentablemente.
Pasamos por el edificio del The New York Times. Me llamó la atención una especie de obra de arte mezclada con programación que había en el lobby.
Después fuimos a averiguar cuánto salía entrar al museo de cera Madame Tussauds y salimos despavoridos. 35 dólares para ver figuras de cera de Hanna Montanna... Nos sacamos una foto con el viejo y querido Morgan Freeman que estaba haciendo las veces de recepcionista estático.
Después nos fuimos a almorzar al restaurant Bubba Gump. Si, si señores. La cadena de camarones del estimadísimo Forrest Gump.
Se me piantó un lagrimón. Contesté con holgura una serie de preguntas que nos hizo el mozo sobre la película y me sentí especial, como Forrest.
Después nos fuimos al MoMA (Museum of Modern Art) pero no tuvimos suerte y estaba cerrado los martes. Así que nos fuimos a tomar un café a Starbucks (es el único lugar donde hacen el café como la gente. Café fuerte, normal para nosotros, y el café con leche hecho con leche caliente).
Antes pasamos por la juegetería Fao Schwartz, que es en la que en teoría se inspiraron para hacer la jueguetería de Duncan en Mi Pobre Angelito 2.
Otra vez nos vestimos de Tom Hanks y jugamos un rato a Quisiera Ser Grande.
Y de ahí pasamos a la mejor parte del día. Fuimos a la tienda de música Sam Ash y me compré el jazz bass que vine a buscar :D
Para volver a la Penn Station, nos tomamos un taxi que manejaba un turco que iba escuchando una música rara y hablando por manos libres como un loco.
Esta noche con Christian fuimos a jugar de vuelta a la pelota. Saqué unas fotos para que vean más o menos cómo era la cancha.
Para Jorge que preguntó: 3,5 goles por partido, aproximadamente. El arco es muy grande y debería haber hecho más, pero en mi defensa, jugué mayormente atrás.
El nivel no es malo, pero son muy firuleteros todos. Cualquier equipo de amigos argentino ganaría acá pero solo por huevos y efectividad.
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